El artista que convirtió sus letras en historia y se quedó en el recuerdo musical de un país

El 1 de febrero próximo, cumpliría 83 años de vida un hombre lleno de magia, música, creatividad, inspiración, picardía, esfuerzo, pasión y mucha cultura.

Marcelo Montoya Acevedo @chelomontoya

Gildardo Montoya Ortiz, el tamesino que vio la luz en el suroeste antioqueño en 1939, se fue de este mundo muy joven, pero con la madurez y la experiencia artística suficiente, para ser recordado por la eternidad, con un canto picaresco y emocional.

Hoy se están cumpliendo 45 años de su ausencia física, de esa triste noticia que enlutó la música nacional. Un jueves como hoy, la muerte trágica se llevó al compositor, al músico, al maestro, al talentoso, al artista, al amigo, al esposo, al padre; en un accidente de tránsito en la calle 30 con carrera 76, barrio Belén, mientras conducía su motocicleta Honda 350 cm3, colisionó con un vehículo, y su voz se apagó para siempre. En ese último viaje de su vida, lo acompañaba el maestro Darío Valenzuela, el popular Brujo de la Consola, él quedaría vivo para recordar por siempre, al hombre que sonará por los siglos de los siglos en la radio colombiana, mientras este mundo sea mundo.

El prolífico hombre que puso a bailar y a gozar a Antioquia y Colombia con su canto, su guitarra, su tiple, con el ritmo envolvente de su acordeón y con unas composiciones llenas de magia, picardía, melancolía e historia, se fue de este plano terrenal a sus 37 años, en una juventud llena de promesas y de sueños.

Un 25 de noviembre de 1976, el destino le arrebató a la música un hombre que con su estilo, trascendió fronteras y marcó un sello original en la radio. Montoyita, su hijo y quien continuó su legado, lo recuerda siempre con un inmenso amor. No hay momento de su vida, en que este hombre no le dedique palabras a su padre: «Aquí a tu lado, como lo has estado siempre tú al lado mío, padre. Gracias por todo, feliz aniversario allá en el cielo… la historia continúa», asegura Gildardo Montoya Jr, Montoyita.

En su testamento musical, quedan canciones con mucho valor histórico, Plegaria vallenata es una de ellas, letra que fue incluida en una selección realizada por Daniel Samper Pizano y Pilar Tafur, en el libro 100 años de vallenato y cantada por el negro grande, Alejo Durán, primer Rey Vallenato de la historia, y también interpretada por el magnífico Indio, Jairo Paternina con El Combo de las Estrellas.

El médico antioqueño Alberto Burgos Herrera,  gran conocedor en el ámbito musical, escribió sobre Gildardo Montoya Ortiz, en su libro La música parrandera: “Este cantante, músico y sobre todo compositor, entró en la leyenda, pues además de hacer nuestra más cercana música bailable, antioqueña y guitarrera, también hizo composiciones para combos, para orquestas, y tal vez ha sido de los únicos paisas muchas veces interpretado por los cantantes y acordeoneros vallenatos”.

Maldita Navidad, letra que compuso Montoya en esos momentos únicos de creatividad, ha sido cantada con precisión y maestría, por el talentoso Gabriel Cumbia Romero. La pelea del siglo, obra insigne de la música tropical, fue cantada con alegría y mucho sabor, por el enorme Gustavo El Loko Quintero. Aunque sus primeras composiciones por allá hacia 1960, fueron Los Reyes Magos y Aguinaldo al escondido, grabado para Discos Fuentes; después grabaría para Ondina, R.C.U., Metropili.

Hernán Darío Usquiano, el más conocedor de la música tropical en Colombia y amigo de Gildardo Montoya, lo define en una sola palabra: «Genial» y añade que este artista fue el compositor de los temas perennes de la música, «que nunca pasan de moda, como El aguardientoski, El paganini y muchos otros. Él tenía esa particularidad de escribir, no para la moda, no. Él hacía sus temas a perpetuidad, logrando que fueran los grandes éxitos de muchos cantantes». Pero Usquiano también añora tanto a Gildardo, que lo tiene claritico en la mente y asegura que, «su parranda, parece que la hubiera grabado hace 15 días».

Así mismo, se quedan en el oído del que escucha radio y música por amor y pasión» Gitano groserón, El arruinao, Como yo soy tan raro, El trovador del Valle, Seguro que sí,  Carrataplán, Piel de luna, Se enfermó el arruinao, Se enriqueció el arruinao, Diciembre alegre, El profesor, La Matecaña, Año viejo malicioso, María Puñales, Cumbia del puerto, Grito caleño, Kalamarí que cambió después su nombre por Lucerito y muchísimas más, que lo convirtieron en 1972 en Director Artístico de Codiscos y en un leyenda de la música de este país.

Fueron tanto los clásicos que escribió Gildardo Montoya, que en el ámbito musical, artistas como Daniel Celedón, Los Betos, Calixto Ochoa, Enrique Díaz, El Combo de las Estrellas, Los Graduados, Nelson Henríquez, Los Hispanos, Los Black Stars, Los Éxitos, Los Trotamundos y muchos otros, siempre tuvieron repertorio para grabar.

Diciembre no sería lo mismo sin su música, sin su parranda y su creatividad. Por eso para quienes amamos la música, la existencia de Gildardo Montoya Ortiz, el hombre de Palermo, corregimiento de Tamesis, recolector de café y carnicero y sobrino de curas, tiene un enorme valor histórico para la música en Colombia.

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